
Hoy cuando llegué del trabajo me di un buen festín/bacanal a lo romano: comí tres pedazos de pizza, un helado, coca cola (eso sí light, jajajajajja). No había comido nada durante el día y luego de un día bastante frustante y agotador en el trabajo decidí comer alguito... me pegué un baño luego de comer (como quien se baña porque está expiando la culpa) y decidé ponerme a escribir esto luego de weber un rato, y poner ropa a lavar en la machine a laver como diría un francés... En fin, ¿cuántas veces es común oir esto de saludar a la comida? Es que a los gordos, gorditos, gordiflones, comilones, ponele el epíteto que quieras nos cuesta largar el morfi... Y si hermano, el morfi es como vino para choborra (borracho en vesre o revés, lunfardo rioplatense, para los que no entiendan), o la merca para el drogadicto. Es que nosotros,los gorditos (y tal vez lo no tanto) nos cuesta largar ese amigo entrañaba que es el morfi: comemos para festejar, comemos cuando estamos deprimidos, comemos por supuesto por hambre, pero es más para llenar nuestras necesidades emocionales ¿o no? En fin, muchas veces me he prometido dejar el morfi y algunas veces he tenido éxito y otras caigo en la telaraña adictiva, como diaría el gurú de las dietas. Esta vez estoy dispuesta a dejar el morfi, a dejar todo aquello que me intoxica y le di una buena fiesta al bacanal: esta vez le bailé en el caño.
Chau Morfi, te voy extrañar, cuando esté deprimida o estresada voy a querer comer ese pedazo de pizza, o esas papas fritas, cuando esté contenta miraré a un pibe manjar en una verano caliente su helado, pero esta vez morfi espero ganar la batalla, dame tregua sólo una vez.




